La depresión resistente al tratamiento continúa siendo uno de los principales retos de la psiquiatría. En este contexto, un ensayo clínico publicado en Nature Medicine evaluó si una única dosis de 25 mg de psilocibina, acompañada de apoyo psicológico, podía administrarse dentro del sistema público de salud británico (NHS) y reducir los síntomas depresivos.
El estudio incluyó a 60 participantes con trastorno depresivo mayor resistente, asignados aleatoriamente y a doble ciego para recibir psilocibina o placebo. Los participantes habían mostrado una respuesta insuficiente a tratamientos previos y convivían con la enfermedad desde hacía, en promedio, alrededor de 20 años.
El tratamiento incluyó preparación psicológica, acompañamiento durante la sesión e integración posterior siguiendo el modelo de la terapia asistida con psicodélicos. Tres semanas después, el grupo tratado con psilocibina presentó una reducción significativamente mayor de los síntomas depresivos, con una diferencia ajustada de 10,41 puntos en la escala MADRS frente al placebo.

En la semana 3, el 43 % de los participantes que recibió psilocibina alcanzó criterios de respuesta clínica y el 40 % de remisión, frente al 3 % en ambos casos en el grupo placebo. A las seis semanas, la tasa de respuesta con psilocibina alcanzó el 50 %. También se observaron mejoras en ansiedad y bienestar.
Un aspecto especialmente relevante es que la intervención se realizó dentro del NHS y en servicios comunitarios de salud mental, acercando el modelo a condiciones de práctica clínica real.
Sin embargo, los resultados deben interpretarse con cautela. La muestra fue reducida y el cegamiento resultó difícil: los participantes tratados con psilocibina identificaron correctamente que habían recibido el compuesto, por lo que las expectativas podrían haber influido en los resultados. Además, el estudio estaba orientado principalmente a evaluar la viabilidad del tratamiento.
Los autores consideran que estos hallazgos justifican ensayos más amplios y con mayor seguimiento. El estudio plantea así una cuestión clave: no solo si la psilocibina puede reducir los síntomas de la depresión resistente, sino si este modelo terapéutico puede incorporarse de forma viable a los sistemas públicos de salud.

