Los antidepresivos tradicionales son tratamientos eficaces con beneficio para muchas personas. Sin embargo, la magnitud de la diferencia frente al placebo ha generado debate sobre si ese beneficio es clínicamente significativo. En contraste, la terapia asistida con psicodélicos (TAP) ha despertado entusiasmo por sus resultados prometedores.
Sin embargo, esta comparación esconde un problema metodológico importante: el doble ciego (cuando ni paciente ni investigador saben qué se administra: placebo o tratamiento) es casi imposible de mantener con psicodélicos, porque la mayoría de los participantes reconoce si está tomando la sustancia activa. Este fenómeno, conocido como desenmascaramiento funcional, puede inflar el efecto terapéutico aparente, y ha tenido incluso consecuencias regulatorias: en 2024, la FDA rechazó una solicitud de aprobación de terapia asistida con MDMA por dudas sobre el cegamiento.
Un estudio reciente publicado en JAMA Psychiatry, en un meta-análisis de 24 ensayos, comparó la TAP con antidepresivos administrados en igualdad de condiciones e igualando así el efecto expectativa. Los ensayos con antidepresivos fueron todos de formato abierto (tanto el participante como el investigador conocían que estaban tomando) mientras que los ensayos con psicodélicos fueron de doble ciego, lo cual en la práctica puede ser considerado como abiertos, porque la mayoría sabe qué está tomando.

Los resultados mostraron en ambos tratamientos una eficacia prácticamente idéntica para el tratamiento de la depresión mayor. Por lo tanto, bajo condiciones comparables, los psicodélicos no superan a los tratamientos existentes.Además, el estudio confirma que saber qué tratamiento se recibe, influye en la mejoría: los antidepresivos mostraron mejores resultados cuando se administraron abiertamente, lo que sugiere que parte de su efecto se debe a saber que se está recibiendo tratamiento. Más allá de esto, los resultados no invalidan el valor terapéutico de los psicodélicos, pero indican que, bajo condiciones comparables, su eficacia es similar a la de los tratamientos existentes.
Los autores señalan que los ensayos de TAP incluyeron muestras pequeñas y poco diversas, y que el análisis se centró en síntomas depresivos, dejando fuera dimensiones como el bienestar funcional, donde la psilocibina mostró ventajas frente al escitalopram en el seguimiento a 6 meses.
Lo relevante, no es que un tratamiento supere al otro, sino que ambos muestran una efectividad real y comparable bajo condiciones metodológicamente equiparables. Por ello, los psicodélicos podrían servir como alternativa terapéutica a los antidepresivos. Cabe señalar que, la mayoría de ensayos con psicodélicos incluyen acompañamiento psicoterapéutico estructurado, algo que no suele formar parte del protocolo habitual en los ensayos con antidepresivos. Esto deja abierta la pregunta sobre el papel del contexto terapéutico y subraya la necesidad de ensayos más amplios y diversos antes de que los psicodélicos puedan integrarse en la práctica clínica dentro de los marcos regulatorios vigentes.

