La investigación psicodélica avanza en salud mental, pero en los ensayos clínicos persiste el problema de la pérdida del cegamiento: los placebos y los controles activos suelen ser reconocidos por los participantes, lo que dificulta determinar si la mejora se debe al fármaco o a las expectativas.
En este contexto, el THC, el principal compuesto psicoactivo del cannabis, ha despertado interés como posible placebo activo. Una revisión sugirió que el cannabis rico en THC podría provocar efectos psicodélicos, aunque no solían observarse en estudios controlados. Según sus autores, podría deberse a las dosis y a las condiciones empleadas, lo que motivó probar sus efectos en el entorno de las Terapias Asistidas por Psicodélicos (TAP).
Un estudio piloto comparó los efectos de dosis altas de THC con los de la psilocibina y placebo, en condiciones de set y setting propias de un ensayo con psicodélicos. Cuatro adultos sanos recibieron, en sesiones distintas y en orden aleatorio, placebo, 25 mg de psilocibina y 25 mg de THC sintético (dronabinol) o destilado (un aceite concentrado obtenido al purificar el extracto de la planta), y dos de ellos recibieron además una dosis de 50 mg de THC.

Los participantes permanecieron en una sala, recostados en un sofá con antifaz, escuchando música preseleccionada, y acompañados por dos facilitadores. Al día siguiente, indicaron qué sustancia creían haber recibido e indicaron su parecido con distintas clases de fármacos, como alucinógenos clásicos, cannabis, disociativos o sedantes. Además, se midieron los efectos subjetivos mediante el cuestionario de experiencia mística (MEQ), el de estados alterados de conciencia (11D-ASC) y el de efectos del fármaco (DEQ).
Todos los participantes identificaron correctamente el placebo y la psilocibina. Con el THC, los resultados variaron: las dosis de 25 mg de destilado y de 50 mg de dronabinol se percibieron como más parecidas a un cannabinoide. En cambio, el dronabinol a 25 mg se asoció más con un psicodélico clásico o un disociativo, y el destilado a 50 mg se describió sobre todo como sedante o disociativo, con cierto parecido a un psicodélico clásico, pero no a un cannabinoide.
Según el MEQ, 25 y 50 mg de THC produjeron experiencias comparables a las de 25 mg de psilocibina. En el 11D-ASC, el perfil de la experiencia con 25 mg de THC fue similar al de la psilocibina, y con 50 mg, claramente distinto. Según el DEQ, el destilado tuvo un efecto global más intenso que el dronabinol a igual dosis. En cuanto a los efectos adversos, fueron en general los esperados, salvo el mayor grado de náuseas y de efecto prolongado con 50 mg de THC.
Estos hallazgos preliminares sugieren que el THC, administrado en el contexto de las TAP, podría ser un control activo viable, aunque su parecido con la psilocibina parece variar según la dosis y la formulación. Por ello, se necesitan estudios más amplios para evaluar si mejora de forma fiable el cegamiento y cuál es la mejor combinación.

