Uno de los fenómenos más llamativos asociados al uso de psicodélicos, especialmente con DMT, es la experiencia de encontrarse con “entidades”: presencias que parecen tener autonomía, intención o agencia propia. En distintos contextos, estas entidades pueden describirse como espíritus, ancestros, seres no humanos, figuras religiosas o incluso fragmentos del propio mundo interno.
Un artículo reciente publicado en Neuroscience of Consciousness propone una explicación neurocomputacional para este tipo de experiencias. El objetivo no es confirmar si estas entidades existen “fuera” de la mente, sino comprender cómo el cerebro puede llegar a generar una vivencia tan intensa de presencia, intención y alteridad.
La propuesta parte de una idea central: el cerebro no registra pasivamente la realidad, sino que interpreta constantemente señales internas y externas para construir una hipótesis sobre lo que está ocurriendo. En condiciones ordinarias, solemos distinguir con bastante estabilidad entre lo que sentimos como propio y lo que atribuimos al mundo exterior. Pero durante ciertos estados psicodélicos, esta frontera puede volverse más inestable.

Según los autores, los encuentros con entidades podrían surgir cuando coinciden dos procesos. Por un lado, aumenta la riqueza perceptiva y simbólica de la experiencia: imágenes, sensaciones, emociones o pensamientos pueden adquirir una profundidad inusual. Por otro, el cerebro podría tener más dificultad para reconocer algunas de esas experiencias como generadas por uno mismo. El resultado sería una percepción interna que se siente como si procediera de “otro”.
El artículo también introduce un matiz importante: estas experiencias no aparecen en el vacío. La cultura, las expectativas, el contexto ritual, las creencias previas y el entorno pueden influir en la forma concreta que adopta la entidad. Esto ayuda a explicar por qué algunas personas hablan de ancestros, otras de seres geométricos, otras de figuras religiosas y otras de presencias difíciles de nombrar.
Para el campo psicodélico, esta línea de investigación es relevante por varias razones. Primero, porque permite estudiar experiencias subjetivas complejas sin reducirlas a “alucinaciones” sin sentido. Segundo, porque recuerda que el contenido de la experiencia puede ser clínicamente importante. Y tercero, porque refuerza la necesidad de acompañamiento, preparación e integración cuando se trabaja con estados modificados de conciencia.
En definitiva, este artículo no cierra el debate sobre qué son las entidades psicodélicas. Pero ofrece un marco útil para investigarlas con rigor: como experiencias donde cerebro, cuerpo, cultura y significado se entrelazan de forma especialmente intensa.

