LSD en parejas

Cuando dos cerebros se sincronizan: LSD en parejas románticas

Por: Lucía López Abad  ·  Revisado por: Gerardo Gonzalo Mier (revisor clínico)
Publicado: 19 de octubre de 2026  ·  Última revisión: 26 de octubre de 2026
Investigadora en neurociencia clínica, psicóloga y especialista en psicofarmacología (UCM). Asistente de investigación en el DRCMR de Copenhague; estudia las adicciones y colabora con Inawe en divulgación científica.

Hasta ahora, la investigación con psicodélicos se ha centrado en estudiar el cerebro humano en solitario, sin haber examinado directamente cómo un psicodélico afecta la sincronía entre dos personas que comparten la experiencia. Aunque estudios previos muestran que estas sustancias modifican la conectividad cerebral, abren ventanas de neuroplasticidad y tienen el potencial de fomentar el bienestar social, ¿qué sucede realmente cuando una pareja vive esta experiencia junta? Resolver esta pregunta es esencial para comprender el vínculo romántico y el potencial terapéutico de los psicodélicos.

Este vacío lo abordó el estudio de Natasha Mason y colaboradores, en el que participé como asistente de investigación. Veinticinco parejas románticas sanas recibieron juntas 50 ?g de LSD o un placebo en dos sesiones separadas por al menos dos semanas. Bajo un diseño doble ciego y aleatorizado, registramos la actividad de ambos cerebros de forma simultánea con EEG. Utilizamos el «hiperescaneo», una técnica que mide la sincronía neuronal en tiempo real mientras las parejas descansaban, cooperaban o compartían contacto afectivo. 

LSD en parejas

Los resultados subjetivos coinciden con los estudios naturalistas. Utilizamos escalas visuales analógicas (EVA) de 100 mm, en las que los participantes marcaban sus respuestas en una línea horizontal cuyo punto medio representaba su nivel «normal». Ocho ítems sociales (cercanía, confianza, apego, compromiso, afecto, atractivo, conexión y sentirse «en sintonía») se promediaron en un índice de conexión social, mientras que la soledad se evaluó mediante un ítem independiente. Bajo los efectos del LSD, el índice de conexión fue mayor y la soledad menor que con placebo. La intensidad subjetiva del fármaco se relacionó con su concentración plasmática, mientras que la conexión social se mantuvo elevada durante toda la sesión.

A nivel neural, el hallazgo principal apareció cuando las parejas descansaban, separadas por una barrera visual. El LSD aumentó significativamente la sincronía entre ambos cerebros mediante ondas theta (un ritmo asociado a la cognición social y la regulación emocional). La intensidad de su actividad cerebral fluctuaba al unísono. Al comprobar que esto no ocurría al mezclar los datos con participantes al azar, los análisis de control apoyaron que se trataba de un acoplamiento genuino y específico de la pareja y no un simple efecto secundario de la sustancia. Curiosamente, durante las tareas interactivas no se observaron efectos tan robustos.

Estos resultados requieren cautela, porque la muestra fue pequeña, casi todos los participantes identificaron qué sustancia recibieron y la sincronía en reposo se considera una señal cerebral asociada a la conexión, no una medida directa de ella ni una prueba de que la cause.

En conclusión, bajo LSD las parejas se sintieron más conectadas y sus cerebros se sincronizaron más durante el reposo compartido, aunque la relación entre ambos resultados solo se exploró de forma preliminar. Queda por saber si esa sincronía contribuye a la conexión percibida o solo la acompaña. Responderlo podría orientar futuras terapias de pareja con psicodélicos.