El concepto de “sanador interior” no es reciente. En el libro La serpiente cósmica, Jeremy Narby describe cómo diversas culturas ancestrales han reconocido la existencia de procesos de autorregulación yautocuración inherentes al ser humano. Desde una perspectiva contemporánea, este planteamiento ha comenzado a explorarse también desde la investigación científica, particularmente en el ámbito de la neurociencia y la psicología clínica.
Un estudio doble ciego – es decir, un diseño experimental en el que ni los participantes ni los investigadores saben quién recibe la sustancia activa y quién recibe el placebo – publicado en Journal of Psychopharmacology examinó a 59 pacientes con depresión para investigar los posibles beneficios terapéuticos de la psilocibina. Más allá de los efectos clínicos, el objetivo principal fue explorar si la experiencia del “sanador interno” (inner healer) era reportada por los participantes y si esta se asociaba con mejoras en el bienestar psicológico dentro del contexto de la terapia asistida con psicodélicos.
Para ello, los investigadores desarrollaron una “escala del sanador interior”, compuesta por una única pregunta que los participantes debían puntuar del 1 al 5 tras la administración de la sustancia, con el objetivo de evaluar la presencia de esta experiencia subjetiva de autocuración. La pregunta formulada fue:

“Sentí que mi cuerpo/mente/cerebro se estaba sanando solo, de forma automática y natural”.
Las respuestas se compararon entre quienes recibieron una dosis alta de psilocibina (25 mg) y quienes recibieron una dosis baja (1 mg), utilizada como condición placebo. Posteriormente, se analizó si puntuaciones más altas en esta escala se asociaban con una reducción de los síntomas depresivos.
Los resultados mostraron que los participantes que recibieron la dosis alta puntuaron significativamente más alto en esta pregunta y reportaron menos síntomas depresivos en comparación con el grupo placebo. Estos hallazgos sugieren una asociación entre la experiencia subjetiva de “sanación interna” y la mejoría clínica observada. No obstante, los propios autores señalan que la escala utilizada consistía en una sola pregunta, lo que limita la solidez de las conclusiones y subraya la necesidad de instrumentos más complejos y estudios adicionales.
El concepto de “sanador interior” plantea un desafío al modelo médico tradicional, al poner el foco en la capacidad del organismo para reorganizarse y autorregularse. Sin embargo, permanecen preguntas abiertas: ¿Qué papel juega el entorno terapéutico en amplificar esta capacidad innata?, ¿en qué medida estos efectos responden a procesos neurobiológicos y en qué medida a interpretaciones subjetivas?, ¿cómo interactúan las expectativas, el contexto y la relación terapéutica?
La integración entre investigación científica y saberes ancestrales podría abrir nuevas vías para comprender la salud mental, siempre que se mantenga un diálogo crítico que distinga entre evidencia empírica, experiencia subjetiva y marco cultural.

