La investigación sobre el empleo de la terapia asistida con psicodélicos en el tratamiento de la depresión ha avanzado considerablemente en los últimos años, atrayendo el interés de la comunidad científica y de las agencias reguladoras. Una reciente revisión evalúo ocho estudios llevados a cabo entre 2014 y 2022, que incluyeron un total de 595 participantes y exploraron el uso depsilocibina,LSD, ayahuasca y DMT en personas con depresión mayor y depresión resistente al tratamiento. Estos ensayos se realizaron en Estados Unidos, Reino Unido, Suiza, Brasil, Canadá, España, Alemania, Países Bajos, Dinamarca, República Checa, Portugal e Irlanda, reflejando un interés global en la potencial aplicación terapéutica de estas sustancias. En concreto, en España se llevaron a cabo ensayos clínicos dentro de un estudio multicéntrico liderado por COMPASS Pathways en el cual se analizó el efecto de la psilocibina en personas con depresión resistente al tratamiento, comparando diferentes dosis en un entorno clínico controlado
Los ensayos fueron diseñados con metodologías rigurosas, incluyendo controles con placebo o dosis bajas para minimizar sesgos. Sin embargo, la clara distinción entre el placebo y el psicodélico fue un reto importante, ya que los efectos de los psicodélicos suelen ser evidentes para los participantes y los investigadores. Para abordar esta dificultad, algunos estudios utilizaron comparadores activos o dosis subperceptuales en lugar de placebos inertes. Además, en la mayoría de los casos se integró un marco terapéutico que combinaba sesiones previas de preparación con sesiones de integración posteriores a la administración de la sustancia, facilitadas por profesionales capacitados.

Los resultados indicaron que, tras una o dos dosis administradas en un entorno controlado, los participantes experimentaron mejoras significativas en sus síntomas depresivos, con efectos que en algunos casos persistieron hasta 12 semanas. Se utilizaron herramientas estandarizadas para evaluar la evolución de los síntomas y la intensidad de la experiencia psicodélica. Los efectos secundarios más comunes fueron ansiedad transitoria y aumentos en la presión arterial, pero no se reportaron eventos adversos graves. Sin embargo, dado que los estudios excluyeron a personas con antecedentes de psicosis o tendencias suicidas severas, aún no se comprende completamente el impacto de estas sustancias en estas poblaciones.
A pesar de los resultados prometedores, aún es necesario realizar estudios más amplios y prolongados para evaluar la seguridad y eficacia de estos tratamientos a largo plazo. Además, es fundamental comprender mejor el papel del contexto terapéutico en los efectos observados. Actualmente, la Agencia Europea de Medicamentos y la FDA en Estados Unidos están desarrollando regulaciones para garantizar que las futuras investigaciones cumplan con estándares de calidad y seguridad. Aunque los psicodélicos podrían emplearse para el tratamiento de la depresión, su implementación en la práctica médica requerirá un enfoque riguroso, basado en evidencia y adaptado a los marcos regulatorios de cada país.

