En los años 60, la ciencia exploraba el potencial del LSD y la psilocibina como herramientas terapéuticas, pero la prohibición de los años 70 frenó la investigación y el desarrollo de tratamientos psiquiátricos con estas sustancias. El psiquiatra Stanislav Grof desarrolló entonces una técnica para alcanzar esos estados alterados de conciencia, es decir, cambios temporales en la percepción, el pensamiento y la emoción frente al estado normal de vigilia, sin recurrir a ninguna sustancia. La llamó respiración holotrópica, una de las técnicas de respiración circular que consiste en un patrón respiratorio consciente y conectado en el que se eliminan las pausas entre inhalación y exhalación. Medio siglo después, un estudio observacional de corte transversal comparó ambas experiencias mediante cuestionarios estandarizados de estados alterados de conciencia.
Según los resultados, un grupo de personas que solo practicó respiración circular durante una hora puntuó, en varias subescalas de las escalas de experiencia mística (MEQ-30) y de estados alterados (11D-ASC), de forma comparable o incluso superior a lo esperado con dosis terapéuticas de psilocibina o LSD. ¿Cómo puede una técnica de respiración acercarse tanto a un psicodélico?

La clave está en que ambas técnicas producen efectos subjetivos que se solapan parcialmente, aunque a través de mecanismos fisiológicos distintos. La respiración circular, al hiperventilar, tiene como mecanismo principal bajar el dióxido de carbono en sangre y reducir momentáneamente el flujo sanguíneo cerebral. Los psicodélicos, en cambio, actúan principalmente uniéndose al receptor de serotonina 5-HT2A y aumentando la plasticidad de la corteza cerebral. De este modo, ambos efectos convergen al lograr flexibilizar la comunicación entre redes neuronales para inducir el estado alterado de conciencia. A pesar de las similitudes, la respiración circular produce menos alucinaciones visuales y una mayor vivencia emocional y corporal reportada.
Esta técnica de respiración tiene varias ventajas: es gratuita y carece de barreras legales o médicas, lo que la convierte en una posible futura alternativa o complemento accesible a las terapias psicodélicas. Sin embargo, hay que considerar las limitaciones, ya que la mayoría de los estudios son observacionales y carecen de protocolos definidos, por lo que todavía es difícil llegar a conclusiones robustas acerca de sus implicaciones. Esto contrasta con las terapias asistidas con psicodélicos, que actualmente cuentan con evidencia clínica sólida. Además, el propio estudio es exploratorio y se realizó con un grupo reducido de practicantes sanos y experimentados.
Aun así, ambas técnicas muestran que pueden alcanzarse estados alterados de conciencia con potencial terapéutico por más de una vía. En el caso de los psicodélicos, la investigación avanza en patologías como la depresión, la dependencia del alcohol e incluso en poblaciones jóvenes. Y en las dos vías, lo que más influye en el resultado no es solo la sustancia o la técnica, sino el acompañamiento terapéutico que las rodea. Dos caminos distintos hacia estados de conciencia similares, uno respaldado por ensayos clínicos y otro prometedor pero todavía en una fase temprana de estudio.

