Cada vez más personas exploran el uso de psilocibina, el compuesto activo de los «hongos mágicos», en busca de mejoras en su salud mental. Pero ¿qué efectos tiene su consumo fuera de hospitales o ensayos clínicos? Un nuevo estudio con más de 2.800 participantes analizó cambios en depresión, ansiedad, consumo de sustancias y flexibilidad mental antes y después de usar psilocibina en contextos naturales. ¿El resultado? No hay una única respuesta: hay al menos cuatro trayectorias distintas.
Los investigadores siguieron a los participantes en tres momentos: antes del consumo, pocas semanas después y entre dos y tres meses más tarde. Evaluaron su estado emocional (ansiedad y depresión), el consumo elevado de alcohol y otras drogas, y su flexibilidad cognitiva, es decir, la capacidad de adaptarse a los cambios y resolver problemas. En lugar de asumir que todos evolucionaban de la misma forma, usaron un método estadístico avanzado que permitió agrupar a las personas según cómo cambiaron a lo largo del tiempo. Así identificaron cuatro perfiles distintos: algunos mejoraron mucho, otros poco, algunos no cambiaron y otros mantuvieron sus dificultades.

Más de la mitad (53%) ya tenía una buena salud mental y bajo consumo de sustancias, y se mantuvo estable tras usar psilocibina. Otro 30% partía de síntomas moderados de ansiedad y depresión, pero mostró mejoras emocionales sostenidas sin aumentar el uso de sustancias. Un grupo más pequeño (9%) enfrentaba problemas graves de salud mental y consumo elevado; aunque mejoraron levemente, sus dificultades persistieron. Finalmente, un 8% logró mejorar su estado emocional, pero mantuvo un uso problemático de alcohol y drogas.
Estos resultados sugieren que la psilocibina, utilizada en contextos naturales, puede favorecer el bienestar emocional en muchas personas, aunque no garantiza el cambio en todos los casos. Si bien una parte importante redujo su ansiedad y depresión de forma sostenida y ningún grupo presentó un empeoramiento, los patrones de consumo problemáticos fueron más resistentes al cambio. Además, quienes partían de un estado emocional más vulnerable tendieron a experimentar beneficios menos duraderos, lo que refuerza la importancia de factores como la preparación emocional, la personalidad y la capacidad de entregarse a la experiencia.
El estudio destaca la relevancia del «set» (estado mental) y el «setting» (entorno), así como de la preparación e integración, en la experiencia psicodélica. La psilocibina puede ser una herramienta poderosa, pero no actúa por sí sola. Estos hallazgos amplían nuestra comprensión del uso de psicodélicos fuera del ámbito clínico y subrayan la importancia de continuar investigando con métodos cada vez más rigurosos. Aunque para muchas personas puede representar un impulso positivo hacia una mejor salud mental, no siempre es una solución mágica, y menos aún para quienes enfrentan desafíos complejos como la adicción. La investigación sobre psicodélicos está apenas comenzando, pero estudios como este nos recuerdan algo fundamental: cada mente es un universo, y no todos los viajes son iguales.

