Una de las grandes preguntas de la investigación psicodélica actual es si los efectos terapéuticos de estas sustancias pueden separarse de la experiencia subjetiva intensa. Dicho de forma sencilla: ¿podemos conservar efectos relacionados con la plasticidad cerebral sin provocar necesariamente un “viaje” psicodélico?
La pregunta es importante porque muchos psicodélicos clásicos, como la psilocibina, el LSD o el DMT, producen cambios en la percepción y el pensamiento, pero también se investigan por su capacidad para inducir adaptaciones duraderas en circuitos cerebrales implicados en trastornos del ánimo y la ansiedad. El problema es que no sabemos si ambos fenómenos, la experiencia psicodélica y la neuroplasticidad, van ligados o pueden separarse.
Aquí entra en juego el receptor 5-HT2A, uno de los principales mediadores de los efectos alucinógenos de los psicodélicos serotoninérgicos. Sin embargo, activar un receptor no es el final de la historia: después se desencadenan señales dentro de la célula.
Un estudio reciente publicado en Translational Psychiatry, liderado desde el Instituto López-Neyra de Granada, aborda esa capa interna de la respuesta celular. En lugar de fijarse en qué receptor activa cada sustancia, los investigadores analizaron qué ocurre dentro de células neurales tras exponerlas a psicodélicos alucinógenos, como DMT, LSD, psilocina o DOI, y a análogos no alucinógenos de estructura similar, como Ariadne, 2-Br-LSD o lisurida.
Para estudiarlo, utilizaron fosfoproteómica, una técnica que permite observar cómo cambian las proteínas dentro de la célula después de administrar una sustancia. Analiza modificaciones químicas que funcionan como señales internas: pueden activar, desactivar o cambiar la forma en que una proteína participa en la comunicación celular.

El resultado principal fue que los compuestos alucinógenos y los no alucinógenos no activaban simplemente la misma respuesta con distinta intensidad. El estudio encontró una firma molecular capaz de distinguir ambos grupos, formada por cambios en 73 puntos concretos de distintas proteínas.
Estas diferencias se relacionaban con procesos importantes para el funcionamiento neuronal, como la organización de las conexiones entre neuronas, el desarrollo de regiones cerebrales implicadas en la integración de información y la forma en que las células utilizan la glucosa para obtener energía.
Uno de los hallazgos más llamativos fue la implicación de FOXK2, un factor de transcripción relacionado con el metabolismo energético. Los compuestos alucinógenos aumentaron la fosforilación de FOXK2 y la acumulación de lactato, mientras que sus análogos no alucinógenos apenas produjeron este efecto.
Esto no significa que el lactato cause el “viaje”. Los propios autores insisten en que estos resultados muestran una asociación en un modelo celular, no una prueba directa de causalidad ni de experiencia subjetiva humana.
Aun así, el estudio deja una idea importante: quizá la diferencia entre un psicodélico con “viaje” y uno sin “viaje” no está solo en el receptor que activa, sino en las rutas celulares que se ponen en marcha después.
Si aprendemos a distinguir las señales asociadas a la experiencia psicodélica de aquellas vinculadas a la plasticidad, ¿podremos diseñar tratamientos más precisos, seguros y accesibles?

