La relación entre humanos y animales ha sido objeto de muchos estudios, pero pocos han explorado cómo los psicodélicos pueden influir en esta interacción, en particular en la comunicación neural entre especies. En este sentido, un estudio reciente sobre el acoplamiento neural entre perros y humanos ha aportado nuevas perspectivas sobre el uso de sustancias psicodélicas, como el LSD, para tratar condiciones neurológicas y del comportamiento.
El estudio buscaba evaluar si existía una variación en la sincronización de la actividad cerebral entre un humano y un perro durante la interacción entre ambos. En concreto, se mostraron un aumento de la sincronización neural principalmente en las regiones frontales y parietales del cerebro durante interacciones como el contacto visual y el acto de acariciar al perro. Sin embargo, los perros con una mutación en el gen Shank3 —asociada con el Trastorno del Espectro Autista (TEA)— mostraron una pérdida de esta sincronización. Esta condición es similar a la dificultad que experimentan los humanos con autismo para formar conexiones sociales efectivas.

Sorprendentemente, una sola dosis de LSD restauró esta sincronización en los perros mutantes, lo que sugiere que los psicodélicos pueden tener un papel clave en la restauración de la función social y la neuroplasticidad en personas con trastornos del espectro autista. Este descubrimiento respalda el creciente interés en la psicoterapia con psicodélicos como herramienta para mejorar la calidad de vida de personas con trastornos del desarrollo y más en concreto.
Los psicodélicos, como la psilocibina y el LSD, están mostrando un gran potencial en el tratamiento de trastornos mentales. En este estudio, el LSD no sólo restauró el acoplamiento neuronal entre los perros y los humanos, sino que también demostró ser eficaz para reabrir periodos críticos de aprendizaje social, tanto en animales como en humanos. Estos hallazgos sugieren que los psicodélicos pueden ayudar a reorganizar las conexiones cerebrales, fomentando una mayor neuroplasticidad y mejorando las habilidades sociales, un aspecto al cual le dedicamos un apartado desde inawe y que puedes encontrar aquí.
El éxito del LSD en restaurar la sincronización neural en perros con mutaciones de Shank3 indica que este tipo de sustancias podrían jugar un papel importante en la psiquiatría psicodélica. Estos tratamientos podrían ayudar a pacientes con TEA o trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) a mejorar su capacidad para interactuar socialmente y procesar estímulos externos.
El estudio sobre el acoplamiento neural inter-especies y el uso de LSD muestra un futuro prometedor en el campo de la terapia psicodélica asistida. Estos hallazgos sugieren que los psicodélicos no solo pueden mejorar la comunicación social, sino que también pueden jugar un papel crucial en la restauración de funciones cognitivas y emocionales en personas con trastornos complejos. El reto ahora es seguir explorando cómo estas sustancias pueden usarse de forma segura y efectiva en la práctica clínica.

