Del 9 al 11 de octubre, Rincón de la Victoria (Málaga), acogió Nexus 2026, un encuentro nacido del universo de la revista Ulises en la Frontera y concebido como un espacio donde arte, pensamiento crítico, tecnología, cultura psicodélica y reflexión colectiva pudieran encontrarse.
Nexus se plantea como un espacio de frontera, entendido como un territorio de transición: un lugar donde distintas disciplinas pueden encontrarse, rozarse y cuestionarse mutuamente. Allí convivieron la ciencia, la sociología, la filosofía, la poesía, la música, el arte visual, la inteligencia artificial y la cultura psicodélica.
Uno de los aspectos más valiosos del encuentro fue precisamente esa capacidad de abrir la conversación más allá del marco biomédico. En un momento en el que gran parte del debate psicodélico se concentra en la salud mental, los ensayos clínicos y la regulación farmacológica, Nexus recordó que los psicodélicos también forman parte de una historia cultural, política, artística y comunitaria mucho más amplia.
Las distintas mesas abordaron preguntas fundamentales: cómo hablamos de drogas y cómo el lenguaje puede reforzar o desmontar el estigma; qué lugar ocupa la inteligencia artificial en nuestra comprensión de la consciencia; cómo se tensan la libertad cognitiva, la mercantilización y la prohibición; o qué papel puede tener el arte para expresar aquello que a menudo resulta difícil traducir en palabras.
También hubo espacio para pensar los límites del discurso terapéutico. La mesa sobre psicodélicos más allá de la salud mental planteó una cuestión incómoda pero necesaria: ¿es el contexto clínico el único marco legítimo para hablar de estas sustancias? Frente a la reducción de la psicodelia a tratamiento, se reivindicaron los saberes comunitarios, la reducción de riesgos, la cultura festiva, las prácticas ceremoniales y la necesidad de pensar modelos más amplios de acompañamiento.

El encuentro no se limitó a la palabra. La música, la performance, la pintura en vivo y los visuales nocturnos formaron parte de la propia experiencia, recordando que la cultura no es un complemento del debate, sino una forma de conocimiento en sí misma. En ese sentido, Nexus no solo habló de consciencia: intentó generar un espacio donde pensarla, compartirla y experimentarla desde distintos lenguajes.
Iniciativas como Nexus son importantes porque permiten que la conversación psicodélica no quede encerrada en compartimentos aislados. La ciencia necesita dialogar con la cultura, la clínica con la comunidad, la regulación con la justicia social y el arte con las preguntas que todavía no sabemos formular del todo.
Quizá el futuro del campo no dependa solo de producir más evidencia, sino también de crear espacios donde distintas formas de conocimiento puedan encontrarse sin perder su complejidad.
Porque algunas preguntas sobre la consciencia no se responden desde una sola disciplina, sino desde el cruce entre muchas.

