Una mujer de 80 años llevaba cinco sin apenas hablar. Diagnosticada de Alzheimer desde hacía una década, vivía dependiente de su familia: respondía con monosílabos, sufría incontinencia urinaria y le costaba tragar y caminar. Buscando mejorar su calidad de vida, recibió una dosis alta de psilocibina y unas horas después despertó y empezó a hablar sola, recordando episodios de su propia vida.
Solo en España unas 800.000 personas padecen Alzheimer, la forma más común de demencia. Con el envejecimiento, la cifra no deja de crecer, y hoy no existe ningún tratamiento capaz de frenar la enfermedad. Ante estos límites, la ciencia está investigando los psicodélicos para afecciones sin respuesta médica clara, como el dolor crónico o los cuidados paliativos al final de la vida.

Según el estudio, publicado en Frontiers in Neuroscience, con autorización de su tutor legal y bajo supervisión médica, la paciente tomó 5 gr de setas con psilocibina por vía oral, muy por encima de lo habitual en los ensayos clínicos. Tras una fase intensa de sudoración, calor y un sueño prolongado, a las 19 horas empezó a hablar. En los días siguientes recuperó el control de la vejiga tras cinco años sin él, volvió a vestirse y caminar sola, reconoció a familiares y recuperó el contacto visual y la sonrisa. Un mes después recibió una segunda dosis de 3 gr. Esta vez se mantuvo despierta y muy comunicativa, y los neurólogos observaron mejoras evidentes en su forma de caminar, su expresividad facial y su conexión emocional durante varias semanas.
La magnitud de esta mejoría ha llevado a comparar el caso con Despertares (Awakenings), el famoso libro publicado por Oliver Sacks en 1973 sobre pacientes que recuperaron capacidades perdidas tras ser tratados con L-dopa, un fármaco para la enfermedad de Párkinson.
La hipótesis que plantean los autores es que la psilocibina pudo alterar de forma temporal la comunicación entre las redes cerebrales que aún sobreviven, haciendo accesibles capacidades que parecían perdidas. Este interés se apoya en la plasticidad cerebral, la capacidad del cerebro de crear nuevas conexiones, que la psilocibina parece favorecer. Pero sin pruebas de imagen cerebral, sigue siendo una hipótesis sin confirmar.
Sin embargo, hay que tener en cuenta las limitaciones del estudio: es un único caso, sin grupo de comparación ni escalas cognitivas estandarizadas. Los propios autores reconocen que su informe es descriptivo y observacional, y que su principal aporte está en sentar las bases para futuros estudios clínicos más rigurosos, con grupos de control, que aclaren su eficacia y a qué dosis sería seguro.
No es una cura, sino una vía esperanzadora que conviene seguir investigando. En España, el Congreso ya debate terapias con psicodélicos para la salud mental, señal de un interés creciente. Este caso sugiere que el cerebro conserva capacidades ocultas incluso en las fases más avanzadas del Alzhéimer, abriendo la puerta a los psicodélicos como un posible tratamiento en el futuro.

