En psicología, el ego se refiere a la identificación con los propios pensamientos y emociones. Cuando esta identificación disminuye se le denomina hipo-egoicismo. Las personas suelen presentar menor rumiación, mayor regulación emocional y más autocompasión, factores asociados a menor vulnerabilidad a problemas como la ansiedad o la depresión.
Tanto la meditación como los psicodélicos se han propuesto como vías para inducir este estado, y en algunos casos pueden ser complementarios. En una investigación ya se observó que compuestos como el DMT y la harmina presentes en la ayahuasca pueden intensificar estados meditativos y favorecer experiencias de introspección y transcendencia del yo en retiros de meditación.
Ahora un estudio ha comparado el efecto de la ayahuasca y la meditación sobre el ego. Los resultados apuntan a que ambas prácticas modifican la percepción del yo, pero de maneras muy distintas en cuanto a profundidad y duración. Los investigadores reclutaron 37 usuarios de ayahuasca y 137 meditadores, y midieron su nivel de hipo-egoicismo a través del “Delusion of Me” (DoM), una escala de 24 ítems administrada en un único momento. El DoM evalúa tres dimensiones complementarias: aceptación de los propios pensamientos y emociones sin juzgarlos, capacidad de descentramiento u observación distanciada de la propia experiencia mental, y no-apego, entendido como la ausencia de necesidad de aferrarse o huir de cualquier experiencia interna. Esta escala muestra que cuanto mayor es la puntuación, menor es la tendencia a identificarte rígidamente con el contenido mental.

En el caso de los usuarios de ayahuasca, éstos fueron contactados antes de asistir a una ceremonia y las respuestas se analizaron en función de su experiencia acumulada previa, expresada como número total de sesiones realizadas. Los meditadores, completaron un cuestionario online reportando su práctica acumulada de meditación. El estudio no evaluó cambios antes y después de una sesión concreta, sino la relación entre la trayectoria de práctica y las puntuaciones obtenidas en la escala.
Los meditadores obtuvieron puntuaciones significativamente más altas en el DoM que los usuarios de ayahuasca. Además, se observó que a mayor práctica acumulada de meditación, menos identificación con el “ego”. Podemos decir que los beneficios crecen con la práctica, aunque su beneficio llega a un máximo (efecto techo). En cambio, el número de sesiones de ayahuasca no mostró ninguna relación acumulativa significativa con las puntuaciones del DoM.
Los autores apuntan que la ayahuasca puede inducir experiencias intensas y transitorias de apertura y desidentificación del yo, lo que se conoce como disolución del ego, pero estos efectos tienden a disiparse con el tiempo si no se refuerzan con otras prácticas. La meditación, por su parte, parece provocar cambios más estables.
Aunque los psicodélicos pueden ser una puerta de entrada a experiencias transformadoras, la meditación ofrece un camino más sostenido hacia la modulación del ego. Podemos reflexionar sobre el papel de la práctica constante frente a las experiencias extraordinarias puntuales o cómo la combinación de ambas podría tener efectos sinérgicos a corto y largo plazo.

