El pasado martes la UE lanzó PsyPal, el primer proyecto de investigación clínica sobre tratamientos de salud mental asistidos por psicodélicos financiado por la comunidad económica. Provisto de 6,5 millones de euros procedentes de Horizon Europe, el proyecto se centrará en la terapia asistida con psilocibina para cuidados paliativos con la participación de diecinueve organizaciones de nueve países europeos. Se ensayará en unos cien pacientes con esclerosis múltiple, esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad de Párkinson y trastorno pulmonar obstructivo crónico repartidos en cuatro instituciones clínicas diferentes.
La primera idea de PsyPal consiste en utilizar la psilocibina como fármaco combinado con psicoterapia con el objetivo de tratar depresiones propias de pacientes terminales. Estudios modestos como los publicados por el oncólogo estadounidense Manish Agrawal apuntan a una efectividad del 80% en la reducción de síntomas de la depresión en pacientes con cáncer, así como una remisión total en el 50% de los casos. Más allá de la depresión, otros estudios sugieren efectividad de la psilocibina en contextos terapéuticos para el trastorno de estrés postraumático (TEPT), la anorexia e incluso el trastorno bipolar tipo II.

Esta inversión europea se enmarca en un contexto proclive a la regulación. Además de la iniciativa de la UE, la FDA está cerca de legalizar el uso clínico de la psilocibina, ya permitido en Oregón y Colorado y para ciertas condiciones en estudios clínicos de todo el territorio nacional. Australia por su parte reguló su uso para el tratamiento del TEPT y la depresión resistente al tratamiento en julio de 2023, año en el que se llevaron a cabo al menos dieciséis ensayos clínicos con psicodélicos para distintos trastornos mentales sólo en la UE.
Pensando más allá del proyecto, Tilly Metz, eurodiputada del grupo de los Verdes, dibujó un futuro cercano en el que “diseñar un marco regulatorio que equilibre la accesibilidad y la seguridad”. Radka Maxová, de la familia socialdemócrata, defendió en su intervención la necesidad de “establecer un entorno regulatorio de apoyo que incluya directrices para la producción, distribución y administración segura de la psilocibina”. Los estándares de capacitación para profesionales de la salud serían una de las prioridades a la hora de construir dicho marco regulatorio.
Considerando que este tipo de tratamientos podrían ser menos rentables para las farmacéuticas que otras alternativas vigentes como los fármacos hipnosedantes o antidepresivos de dosificación diaria, es importante que se financien con dinero público estudios clínicos con fármacos psicodélicos, pues podrían convertirse en protagonistas de la lucha contra la actual epidemia de salud mental.

