Con fines preventivos, las investigaciones sobre los efectos de los compuestos psicodélicos en el cerebro han sido llevada a cabo en amplias ocasiones en personas “experimentadas”, es decir, personas que habían consumido antes algún psicodélico. Un reciente artículo sin embargo se ha centrado en estudiar qué efectos producen estas sustancias en personas que las prueban por primera vez.
Para ello, los investigadores decidieron evaluar con diferentes técnicas de neuroimagen la actividad cerebral de 28 personas sanas que nunca antes habían tomado psicodélicos, antes, durante y un mes después de una primera experiencia con psilocibina. El objetivo no era solo observar el efecto de la experiencia psicodélica, sino detectar posibles cambios persistentes en el funcionamiento cerebral.

A nivel psicológico el estudio encontró mejoras en bienestar emocional, sensación de claridad personal y flexibilidad cognitiva, es decir, una mayor capacidad para adaptarse a nuevas ideas o salir de patrones mentales rígidos. Muchas personas describieron también una sensación de comprensión o insight sobre aspectos personales de su vida.
A nivel cerebral, los investigadores observaron cambios mediante una técnica de neuroimagen llamada Imagen por Tensor de Difusión, una herramienta que permite estudiar cómo están conectadas distintas regiones del cerebro. Para ello analiza el movimiento del agua dentro del tejido cerebral, ya que esta tiende a desplazarse siguiendo las fibras nerviosas. De esta forma, los investigadores pueden obtener una especie de “mapa” de las conexiones cerebrales y detectar cambios sutiles en su organización.
Con esta herramienta detectaron modificaciones en vías que conectan la corteza prefrontal con regiones profundas del cerebro, especialmente el tálamo y el estriado. Los cambios aparecieron un mes después de la administración de psilocibina y no se observaron con la dosis placebo utilizada como comparación.
Estas regiones están implicadas en funciones especialmente relevantes para la salud mental. La corteza prefrontal participa en procesos como la regulación emocional, la toma de decisiones, la reflexión sobre uno mismo y el control cognitivo. El estriado interviene en motivación, hábitos y procesamiento de recompensas, mientras que el tálamo actúa como una especie de centro de distribución de información entre distintas áreas cerebrales. Alteraciones en estos circuitos han sido relacionadas anteriormente con trastornos como depresión, ansiedad o estrés postraumático.
Aunque todavía no existe una interpretación definitiva de estos resultados, los autores plantean que podrían reflejar procesos de plasticidad cerebral, es decir, cambios en la forma en que ciertas regiones del cerebro se organizan y comunican entre sí después de la experiencia psicodélica.
Sin embargo, los investigadores insisten en interpretar los hallazgos con cautela. La muestra fue pequeña y el estudio tenía un carácter exploratorio, por lo que todavía no puede afirmarse con certeza cuánto duran estos cambios ni cuál es exactamente su significado biológico.

