En los últimos años se ha generado un creciente interés por el uso terapéutico de psicodélicos, pero la evidencia clínica ha avanzado de manera desigual y muchas veces resulta difícil saber qué intervenciones tienen respaldo real y cuáles siguen siendo más especulativas. Para abordar esto, una revisión sistemática y metanálisis reciente analizó de forma conjunta la evidencia disponible sobre psilocibina, LSD, ayahuasca y MDMA en salud mental. En total, el artículo combinó 30 ensayos clínicos controlados, con 1480 participantes, para evaluar sus efectos en depresión mayor, ansiedad, trastorno por estrés postraumático (TEPT), trastorno por consumo de alcohol (AUD) y trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH). El objetivo fue identificar qué intervenciones muestran resultados consistentes y en cuáles la evidencia continúa siendo insuficiente.
La evidencia más sólida apareció en TEPT: el MDMA mostró mejoras superiores al placebo. Fue la única intervención con resultados consistentes y clínicamente relevantes en todos los estudios, algo que no se observó con las demás sustancias analizadas. En depresión mayor, los estudios con psilocibina, ayahuasca y LSD encontraron una mejoría moderada de los síntomas. Sin embargo, la evidencia aún es débil, principalmente porque los ensayos son pequeños, usan enfoques distintos y todavía están en etapas tempranas. Los resultados son alentadores, pero no permiten sacar conclusiones definitivas.

En ansiedad, la tendencia es similar. Tanto los psicodélicos clásicos como el MDMA mostraron efectos positivos, pero el número de estudios es reducido y los diseños varían mucho entre sí. Los resultados apuntan en una dirección positiva, pero siguen siendo preliminares y deben confirmarse con estudios más grandes. En contraste, en el AUDno se observaron beneficios claros. Ni la psilocibina ni el LSD aumentaron tasas de abstinencia frente a los controles, por lo que esta sigue siendo una de las áreas con resultados más inciertos. Asimismo, en TDAH la evidencia es mínima: un único estudio con microdosis de LSD no encontró mejoras relevantes.
Un factor que ayuda a entender por qué la evidencia aún es limitada es el riesgo de sesgo. En muchos estudios con psicodélicos esto ocurre porque es difícil “ocultar” qué tratamiento recibe cada participante, lo que complica distinguir el efecto real del placebo. No obstante, el perfil de seguridad de estas sustancias ha demostrado ser favorable hasta el momento, lo cual respalda la continuidad de la investigación con mejores diseños metodológicos.
En conjunto, este metanálisis ofrece una visión equilibrada: evidencia sólida para TEPT con MDMA, indicios todavía preliminares en depresión y ansiedad, y resultados no concluyentes en AUD y TDAH. Un aspecto clave es que se trata de una living systematic review, diseñada para actualizarse a medida que se publiquen nuevos ensayos. En un campo que avanza rápido y con estudios tan heterogéneos, este enfoque permite ajustar la lectura de los resultados a medida que se acumula la evidencia, evitando interpretaciones apresuradas y favoreciendo el uso responsable de estas terapias, mientras se aclara qué tratamientos son realmente efectivos y para quién.

