Problemas digestivos como la celiaquía, las intolerancias alimentarias, las alergias o el sobrecrecimiento bacteriano (SIBO) son cada vez más comunes y afectan a la salud intestinal de millones de personas. Entre estos, el síndrome del intestino irritable (SII) es uno de los trastornos digestivos funcionales más frecuentes, con una prevalencia del 14% a nivel mundial y un alto impacto en la calidad de vida. Se caracteriza por dolor abdominal, alteraciones del tránsito intestinal y una importante carga psicológica (ansiedad, depresión y estrés). Los tratamientos actuales combinan recomendaciones dietéticas, fármacos y terapias cognitivo-conductuales; sin embargo, hasta un 60% de los pacientes no obtienen mejoras en su sintomatología, siendo necesario explorar nuevas estrategias.
Una revisión publicada en 2025 en el Journal of Clinical Gastroenterology propone un camino innovador: la terapia asistida con psicodélicos (TAP) como tratamiento para el SII. La TAP aunque desarrollada en el campo de la salud mental, podría extenderse al tratamiento del SII, integrando dimensiones emocionales, neurológicas y fisiológicas de la enfermedad. Los autores identifican tres mecanismos clave por los que los psicodélicos podrían beneficiar a quienes viven con este síndrome:

- Efectos psicológicos: Estos pacientes tienen tres veces más probabilidades de sufrir ansiedad o depresión que la población general, y hasta un tercio presenta síntomas de estrés postraumático. Ensayos clínicos han mostrado que la psilocibina y otros psicodélicos reducen de forma duradera la depresión y la ansiedad, y fomentan la flexibilidad psicológica. Estos cambios no solo mejoran el bienestar emocional, también pueden modular la percepción de los síntomas intestinales y la gestión del dolor crónico que sufren los pacientes.
- Efectos en el sistema nervioso: El SII está asociado a disfunciones en la default mode network (DMN), una red cerebral implicada en la autopercepción y el procesamiento del dolor. Los psicodélicos pueden “reiniciar” esta red, favoreciendo la neuroplasticidad y reduciendo patrones de pensamiento rígidos, rumiación y catastrofización del dolor.
- Efectos en el intestino: los psicodélicos podrían actuar directamente sobre receptores serotoninérgicos del sistema nervioso entérico, modulando motilidad, secreción e hipersensibilidad intestinal. Asimismo, se plantean posibles efectos antiinflamatorios sobre células inmunes intestinales y una interacción con la microbiota, cuya alteración es frecuente en el SII y otros trastornos digestivos funcionales.
El SII no es solo un problema “del intestino” ni únicamente “psicológico”; es un ejemplo claro de alteración eje intestino-cerebro con implicaciones emocionales. La TAP suele implicar pocas sesiones con efectos que pueden prolongarse durante meses o incluso un año. Esto no solo reduce riesgos de efectos secundarios acumulativos, sino que también facilita la integración de cambios en los hábitos de vida. En este sentido, el informe técnico de ICEERS sobre consumo ritual de ayahuasca mostró que los psicodélicos pueden inspirar mejoras en el estilo de vida, alimentación y autocuidado, factores clave para el manejo del SII.Aunque aún no existen ensayos clínicos de TAP para el síndrome del intestino irritable, ya se están desarrollando investigaciones que exploran esta nueva estrategia para mejorar la salud digestiva.

