Adicciones
Las adicciones figuran entre los trastornos de salud mental más extendidos y difíciles de tratar, y representan uno de los campos más prometedores para las Terapias Asistidas con Psicodélicos. En esta etiqueta recopilamos investigaciones, ensayos clínicos y divulgación sobre cómo sustancias como la psilocibina o la ibogaína están mostrando resultados prometedores en el abordaje de dependencias al alcohol, el tabaco, los opioides y otras conductas adictivas. Exploramos los mecanismos neurobiológicos implicados, así como los modelos terapéuticos empleados. Una mirada rigurosa y esperanzadora a un terreno donde la innovación científica puede transformar la vida de millones de personas.
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Ibogaína: actualidad sobre una herramienta disruptiva frente a las adicciones
La ibogaína, alcaloide derivado de la planta sagrada iboga utilizada en rituales Bwiti de Gabón, está generando un creciente interés por su potencial para tratar adicciones, especialmente a opioides. Estudios en animales muestran reducción del consumo compulsivo tras una sola dosis, y un ensayo clínico pionero liderado por ICEERS ha observado una disminución del 50% en la dosis de metadona sin eventos adversos graves. Sin embargo, su expansión en retiros privados plantea riesgos cardiacos y falta de regulación. Aunque prometedora, la ibogaína requiere evidencia clínica más sólida y protocolos estrictos para garantizar un uso seguro. -
NIH Destina $2 Millones para Investigar las Terapias con Psicodélicos en Drogadicciones
La ibogaína, alcaloide derivado de la planta sagrada iboga utilizada en rituales Bwiti de Gabón, está generando un creciente interés por su potencial para tratar adicciones, especialmente a opioides. Estudios en animales muestran reducción del consumo compulsivo tras una sola dosis, y un ensayo clínico pionero liderado por ICEERS ha observado una disminución del 50% en la dosis de metadona sin eventos adversos graves. Sin embargo, su expansión en retiros privados plantea riesgos cardiacos y falta de regulación. Aunque prometedora, la ibogaína requiere evidencia clínica más sólida y protocolos estrictos para garantizar un uso seguro.


