El ‘resplandor psicodélico’(afterglow en inglés), hace referencia a los cambios psicológicos que siguen a la ingestión de psicodélicos una vez desaparecidos los efectos agudos. Específicamente, la fase subaguda abarca desde el primer día hasta el primer mes post consumo, periodo a menudo asociado a beneficios psicológicos.
Según una revisión, principalmente el uso de psilocibina y LSD se asocia con reportes de reducción de síntomas psicopatológicos, así como con incrementos en bienestar, atención plena, factores sociales, espiritualidad, creatividad y flexibilidad cognitiva. Dado que esta fase subaguda es fundamental para el uso terapéutico de los psicodélicos, como se ha evidenciado en la Terapia Asistida con MDMA, se requiere un instrumento que evalúe sistemáticamente sus efectos.

En un artículo reciente, investigadores desarrollaron el Inventario de Resplandor Psicodélico (AGI, por sus siglas en inglés), una herramienta diseñada paracuantificar los efectos subagudos positivos asociados al uso de psicodélicos. Para ello, se elaboró un banco de preguntas basado en descripciones previas del fenómeno y en cuestionarios relacionados. Los resultados mostraron que organizar la escala en cinco categorías con 24 preguntas permitía describir con más precisión los efectos del resplandor psicodélico. Las categorías incluidas fueron vitalidad (mejora del estado de ánimo y bienestar, aspectos emocionales y motivacionales), aspectos transpersonales (experiencias místicas, sentimientos de plenitud y conexión con uno mismo y con otros seres), inspiración/creatividad (aumento de la imaginación e inspiración), relaciones interpersonales (mayor sensación de conexión con otras personas) y relación con la naturaleza (mayor conciencia y disfrute de la naturaleza).
Para evaluar la validez del AGI, se aplicó la escala a dos grupos. El grupo experimental indicó haber consumido en las últimas cuatro semanas al menos un psicodélico, mientras que el grupo control, anfetaminas, metanfetaminas, cocaína u opioides. Al comparar los resultados, el grupo psicodélico presentó puntuaciones AGI significativamente más altas que el grupo control, mostrando un patrón consistente que sugiere que los ítems del test capturan específicamente los efectos subagudos propios de los psicodélicos, en contraste con las sustancias control.
No obstante, el desarrollo del AGI presenta ciertas limitaciones. Considerando que el objetivo del estudio fue únicamente diseñar y realizar una validación inicial de un nuevo cuestionario, los autores señalan que los resultados no permiten realizar afirmaciones cuantitativas sobre la intensidad o duración de los efectos del resplandor psicodélico según cada sustancia. Esto se debe a que no se controlaron variables clave, como la dosis exacta administrada o la distribución del número de usuarios por sustancia, predominando en la muestra quienes consumieron psilocibina y LSD. En ausencia de estos datos, no es posible determinar mediante análisis estadísticos si un psicodélico genera más efectos subagudos que otro.
Se espera que futuras investigaciones incorporen análisis más rigurosos y aporten información precisa que permitan elaborar conclusiones más robustas sobre la duración y fenomenología del resplandor psicodélico. De esta manera, el AGI podría convertirse en una herramienta clave en la intervención psicoterapéuticadurante la ventana subaguda, permitiendo integrar plenamente la experiencia psicodélica y favorecer cambios duraderos.

