En los últimos años, las drogas psicodélicas han llamado la atención de muchos, desde las ceremonias amazónicas hasta los estudios clínicos en Europa. Pero, ¿Qué impacto tienen estas sustancias en la forma en la que nos relacionamos socialmente? Un emocionante estudio realizado por investigadores de la Universidad de Coimbra, Portugal, dentro del proyecto “estados espirituales inducidos por la ayahuasca”, y entre los que se encuentra el miembro de inawe, Gerardo Gonzalo, ha arrojado luz sobre esta cuestión.
El grupo llevó a cabo una revisión de distintos estudios que empleaban la técnica conocida como resonancia magnética funcional (fMRI) para explorar la relación entre los efectos de los psicodélicos, la red neuronal por defecto (DMN) y la teoría de la mente (ToM).
La DMN, son un conjunto de regiones cerebrales que se activan cuando nuestra mente divaga o no está enfocada en una tarea específica. Durante estos momentos, reflexionamos sobre nosotros mismos, recordamos experiencias personales y proyectamos el futuro. Por otro lado, la ToM se refiere a nuestra capacidad de entender que otras personas tienen estados mentales diferentes a los nuestros, como creencias y emociones.

Sorprendentemente, los resultados revelaron que los psicodélicos interactúan con las áreas cerebrales relacionadas con la cognición social, específicamente el córtex cingulado anterior (ACC) y posterior (PCC). Estas regiones están vinculadas con la comprensión de emociones, o la atención, aspectos cruciales para entablar relaciones sociales, pero también en la perspectiva acerca de uno mismo y en las memorias autobiográficas. Por lo tanto, los resultados sugieren que los psicodélicos podrían inducir cambios significativos en la forma en la que nos relacionamos socialmente, al dar lugar a cambios en la perspectiva y los recuerdos de uno mismo.
Estos hallazgos abren una nueva perspectiva sobre cómo los psicodélicos pueden influir en nuestra percepción del mundo social y nuestras interacciones con los demás. También plantean preguntas fascinantes sobre cómo estas sustancias pueden afectar nuestros circuitos cerebrales relacionados con el aprendizaje y la percepción de recompensas sociales, una línea de la cúal hablabamos hace unos meses.
Este estudio también resalta el papel central de los efectos psicológicos de los psicodélicos en sus posibles beneficios terapéuticos. Esto podría tener implicaciones emocionantes para el tratamiento de diversas condiciones, como la depresión, la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático, para las cuales ya están siendo aprobados en países como Australia, y sobre las que la Unión Europea ya ha mostrado su interés.
En conclusión, la investigación sobre los vínculos entre los psicodélicos y la cognición social es prometedora y fascinante. Aunque todavía hay mucho por descubrir, este estudio pionero nos acerca más a comprender cómo estas sustancias pueden impactar positivamente nuestra mente y mejorar nuestra relación con el mundo que nos rodea.

