La enfermedad incurable y la muerte son los momentos más desafiantes en la vida de todo ser humano. Ambas circunstancias conllevan una multiplicidad de síntomas que afectan negativamente tanto la calidad de vida como el proceso de morir en sí. Entre estos síntomas se encuentran el dolor, falta de aire, fatiga extrema, náuseas, inapetencia, pérdida de concentración y también de angustia, depresión e insomnio, entre otros. Las estrategias para paliar estos síntomas y acompañar a estas personas en la última etapa de su vida son variadas. Un abordaje integral y holístico, que abarque a las esferas biológicas, psicológicas, sociales y espirituales del paciente, suele ser de enorme ayuda para atravesar ese proceso de morir. Sin embargo, son muchas las personas que experimentan una angustia existencial que no responde al tratamiento. Esta angustia existencial se define como un estado de malestar o sufrimiento mental experimentado por aquellos que se enfrentan a una muerte inminente e incluye ansiedad por la muerte, pérdida del sentido o significado de la vida, impotencia y fundamentalmente, soledad.

En las últimas décadas se han realizado ensayos clínicos controlados y aleatorizados, siguiendo el modelo de TAP, para evaluar la efectividad de la psilocibina en esta población, pudiéndose realizar, además, un estudio que combinó y analizó los resultados de múltiples investigaciones para obtener conclusiones más sólidas e incluyó cinco estudios que seleccionaron personas con cáncer avanzado y sufrimiento existencial o con depresión y ansiedad. Estos estudios demostraron que una única sesión de psilocibina, combinada o no con psicoterapia, llevaba a una mejoría inmediata, sustancial y sostenida en la angustia existencial, la ansiedad y la depresión de aquellas personas. Los resultados positivos estuvieron relacionados con el grado de experiencia mística informada por el paciente, la cual se definió como una vivencia directa de unidad con todo lo que existe, trascendencia del tiempo y el espacio, sacralidad, un profundo sentimiento de bienestar, la incapacidad para expresar con palabras lo vivido y la sensación de alcanzar una verdad última. No se presentaron efectos adversos serios. Algunos participantes presentaron elevaciones transitorias y autolimitadas de la presión arterial, náuseas o vómitos, cefalea o un leve malestar físico donde no hubo necesidad de intervención.
Hoy en día, es difícil el tratamiento de personas con sintomatología severa y refractaria. Encontrar una posibilidad terapéutica que alivie el sufrimiento de forma efectiva es sumamente importante y en este sentido la terapia asistida con psicodélicos se muestra como una posibilidad. La psilocibina cuenta con un perfil de seguridad y tolerabilidad muy bueno, lo que la hace particularmente atractiva como opción terapéutica. Se debe seguir explorando a las terapias psicodélicas en el ámbito de los cuidados paliativos, con el objetivo de brindar una muerte más plena, acompañada y respetuosa a aquellos que enfrentan mayores dificultades, ya que esto constituye un derecho humano fundamental donde aún tenemos mucho por mejorar.

