Psicodélicos y manejo del dolor en cáncer: ¿una alternativa viable?

Por: Andrés Pombo Jiménez  ·  Revisado por: Gerardo Gonzalo Mier (revisor clínico)
Publicado: 19 de marzo de 2025  ·  Última revisión: 12 de abril de 2026
Estudió Medicina en la Universidad de Los Andes, Colombia, donde se graduó con opción académica en Cultura Musical y completó parte de su formación clínica en España. Durante este periodo se acercó a áreas como la oncología y los cuidados paliativos, experiencias que despertaron su interés por la dimensión subjetiva del proceso de enfermedad. Tras trabajar como asistente de investigación en proyectos clínicos, realizó un Máster en Epidemiología en la Universidad Autónoma de Madrid, donde profundizó en métodos analíticos aplicados a la salud. Actualmente explora el campo de la Psiquiatría, así como el potencial terapéutico de nuevas intervenciones en salud mental, incluyendo los psicodélicos desde una perspectiva científica, ética y centrada en la persona. Colabora con Fundación Inawe y Psychedelicare en iniciativas de divulgación y conversación pública sobre estos temas.

El dolor en pacientes con cáncer es una de las principales preocupaciones en oncología, ya que afecta su calidad de vida y bienestar emocional. Aunque los opioides han sido la base del tratamiento, su uso prolongado conlleva riesgos como tolerancia, dependencia y efectos adversos cognitivos. Ante estas limitaciones, ha surgido un creciente interés en los psicodélicos no solo por su potencial para aliviar el distrés emocional en enfermedades avanzadas, sino también por su posible impacto en la percepción del dolor. Aunque su aplicación en este contexto ha sido menos explorada, una revisión reciente destaca que esta área está siendo activamente investigada, con evidencia preliminar que sugiere un posible beneficio terapéutico.

Las investigaciones indican que los psicodélicos pueden influir en el dolor tanto a nivel biológico como emocional. Entre estas sustancias se encuentran la psilocibina, presente en algunos hongos alucinógenos, y el LSD (dietilamida de ácido lisérgico), un compuesto sintético con efectos psicodélicos. Ambas actúan sobre los receptores 5-HT2A, parte del sistema de la serotonina, un neurotransmisor clave en la regulación del estado de ánimo, la modulación sensorial y la inflamación. Al estimular estos receptores, los psicodélicos pueden alterar la comunicación entre áreas cerebrales involucradas en el procesamiento del dolor, como la corteza prefrontal y la ínsula. Además, estudios han mostrado que dosis bajas de LSD pueden aumentar la tolerancia y reducir la intensidad del dolor, con efectos comparables a algunos analgésicos. También se ha observado que podrían modular respuestas inflamatorias, lo que contribuiría a este efecto analgésico

psicodélicos cáncer

Más allá de estos mecanismos, el estado emocional también influye en la experiencia del dolor. La ansiedad y la depresión pueden amplificar la percepción del malestar físico, y su reducción con apoyo psicoterapéutico podría contribuir a su alivio. En este contexto, la terapia asistida con psicodélicos ha mostrado potencial para disminuir el distrés emocional en pacientes con cáncer, lo que podría traducirse en un mejor manejo del dolor al facilitar una mayor adaptación y afrontamiento de la enfermedad. Un ensayo clínico en pacientes con cáncer y trastorno depresivo mayor mostró que una única dosis de psilocibina, combinada con terapia grupal, redujo hasta en un 37% la intensidad del dolor. Asimismo, estudios previos con LSD en pacientes con cáncer terminal han documentado una disminución de este síntoma y mejoras en la calidad de vida. Actualmente, más de 20 ensayos clínicos están evaluando el uso de psicodélicos en pacientes con cáncer, y sus resultados podrían aportar evidencia clave sobre su impacto en el manejo del dolor y su posible integración dentro de un enfoque multidisciplinario.

Aunque los psicodélicos aún no forman parte del tratamiento estándar en oncología, su potencial terapéutico para aliviar el dolor sigue en estudio. Con el avance de la investigación y ensayos más rigurosos, podrían integrarse como una alternativa para pacientes que no responden a los tratamientos convencionales o buscan opciones con menos efectos adversos.

Fundación INAWE
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