
Terapias asistidas
con psicodélicos
Historia
Pese a lo que pueda parecernos en occidente, los psicodélicos y su uso terapéutico no son nada nuevo, sino que vienen desde los inicios de la propia humanidad. No sólo se trata de una historia larga y llena de giros, vueltas y descubrimientos fascinantes, sino que además es de grán extensión geográfica y atraviesa a prácticamente todas las culturas humanas de un modo u otro… Desde los rituales chamánicos de las culturas tradicionales, a los laboratorios más modernos, pasando por movimientos sociales de protesta, ritos de iniciación, festivales de música, supuesta brujería,… La humanidad siempre ha sentido fascinación por estas sustancias y, casi siempre, ha sabido encajarlas de un modo constructivo en sus prácticas culturales o terapéuticas, como las que se están investigando y desarrollando ahora mismo en Occidente.
La evidencia más temprana de uso psicodélico se puede encontrar en una cueva en la región de Tassili-N-Ajjer del desierto del Sahara, en Argelia. En esta cueva hay un mural que representa lo que se conoce como el ‘hombre hongo’ o ‘chamán hongo’, una figura con cabeza de abeja con hongos brotando de su cuerpo; hongos identificados como Psilocybe Mairei. Estos son hongos psicodélicos nativos de la región. El mural tiene entre 7.000 y 9.000 años. En España, con 6.000 años de antigüedad, el mural de Selva Pascuala presenta hongos identificados como Psilocibe Hispánica. Otras evidencias de aparecen en Perú, con 3.000 años de antigüedad, México o Guatemala (1.000 – 1.500 ad).
Aunque no exentos de controversia entre los historiadores, se dice que durante los misterios Eleusinos, se ingería una substancia fuertemente psicodélica. Estas celebraciones iniciáticas, comenzaron en la cuidad de Eleusis, a unos 20km de Atenas, se datan sobre el año 1.500 a.C. y terminarán en el S VI de nuestra era, en el cual fueron prohibidos todos los misterios por el el emperador Teodosio. Por los indicios recogidos, la bebida ceremonial utilizada contenía una sustancia psicodélica proveniente del cornezuelo (de donde, años más tarde, Albert Hofmann extraería los precursores para sintetizar la LSD).
Durante la edad media, se persiguió a muchas personas que hacían uso de plantas medicinales, y esto incluyó muchas sustancias psicodélicas, cuyos usos, proscritos, cayeron en el olvido
Pasó algún tiempo antes de que los occidentales re-descubrieran el uso de psicodélicos entre diferentes culturas. Tales descubrimientos fueron realizados por primera vez por exploradores europeos que navegaron a América Latina. El uso de rapé, hongos psilocibes, cactus y semillas con componentes psicodélicos, o ayahuasca eran habituales en algunas culturas Americanas.
Se puede decir que la historia moderna del uso de los psicodélicos en occidente comienza en abril de 1943, cuando el químico suizo Albert Hofmann tomó accidentalmente 250 microgramos de LSD , que él mismo había sintetizado en 1938. El mismo describe el efecto como “un cambio radical de estado de consciencia”. La investigación con psicodélicos comienza poco después.
En 1953, el escritor Aldous Huxley ingirió 400 mg de mescalina bajo la supervisión del psiquiatra Humphry Osmond. Más tarde relataría su experiencia con esta sustancia en el famoso libro “Las puertas de la percepción” (1954).
En 1955, el entonces vicepresidente de J.P. Morgan R. Gordon Wasson participó en una ceremonia de hongos en Oaxaca, México, bajo la supervisión de María Sabina, curandera y sabia dentro de la tradición mazateca. Wasson relató sus experiencias en un artículo titulado “Buscando el hongo mágico”, publicado en la revista Life en 1957. Este artículo tuvo una gran repercusión en EEUU y pronto daría lugar a muchos otros relacionados con el tema.
En 1956, el psiquiatra Stanislav Grof tuvo su primera experiencia con el LSD, al ingerir 250 microgramos del compuesto. El mismo año, el químico Stephen Szára se inyectó DMT y fue la primera persona en describir sus efectos psicodélicos.
En 1959, el filósofo Alan Watts probó el LSD e informó haber tenido una experiencia mística.
En la década de 1960, químicos clandestinos, como Leonard William Pickard, Nick Sand y Owsley Stanley, comenzaron a fabricar LSD y distribuirlo al público en general. Estos químicos produjeron millones de dosis del compuesto.
En cuanto a las fechas de obtención de los principios activos de los principales compuestos psicodélicos, la mescalina se extrajo del peyote en 1897 por Arthur Hefter, la ibogaína en 1901 por Edouard Landrin y Jean Dyvowsky, el MDMA en 1912 por Antón Kollisch, el LSD en 1938 y la psilocibina en 1958 por A. Hofmann y la ketamina en el 62 por Calvin Stevens.
Tras el descubrimiento de plantas y hongos psicodélicos por parte de los occidentales, los científicos pronto comenzaron a estudiarlos, incluidos sus compuestos químicos, efectos y aplicaciones terapéuticas:
En 1947, Sandoz, laboratorio para el que trabajaba Hofmann, comienza a comercializar LSD bajo la marca Delysid y lo distribuye gratuitamente a los psiquiatras que quieran investigar con la sustancia, la creencia de que podría ayudarlos a comprender mejor la esquizofrenia.
En 1949, el psiquiatra Max Rinkel llevó a cabo el primer experimento con LSD en EE. UU., administrando la sustancia a 100 voluntarios del Instituto Psicopático de Boston. Él cree que los efectos de la droga imitan la psicosis esquizofrénica. Por esta razón, Rinkel y su colega Paul Hoch más tarde llamarían al LSD un «psicotomimético» (un agente que imita la locura).
En 1952, Charles Savage publicó el primer estudio que analizaba el LSD como tratamiento para la depresión[*]. Ese mismo año, Osmond estaba tratando el alcoholismo con LSD.
En 1953, Ronald Sandison abre la primera clínica de LSD en Inglaterra
En 1954, el psiquiatra Oscar Janiger comienza a administrar LSD a los pacientes
En 1958, Hofmann aísla y descubre la estructura de la psilocibina y la psilocina, los dos compuestos psicoactivos de las setas mágicas.
Entre 1960 y 1967, Grof realizó más de 4.000 sesiones de terapia asistida por LSD.
Desde su descubrimiento, los científicos tuvieron rienda suelta para estudiar psicodélicos. Drogas como el LSD finalmente llegaron a las calles, sin existir ninguna prohibición sobre ellas. Es entonces cuando la ley que rodea su producción, venta y posesión empieza a cambiar.
Tras el uso generalizado de psicodélicos en la sociedad en general a principios y mediados de los años 60 en EEUU, comenzaron a introducirse prohibiciones sobre sustancias psicodélicas específicas. Más tarde, veríamos la prohibición de casi todos los psicodélicos:
En 1966, el uso público y la venta de peyote, mescalina, LSD y DMT fueron prohibidos en los Estados Unidos.
En 1970, LSD, DMT, MDA, psilocibina, psilocina, mescalina, peyote y cannabis se convirtieron en drogas de la Lista I bajo la Ley de Sustancias Controladas de los EEUU. Esto significaba, en términos de la ley, que los psicodélicos no tenían un valor médico reconocido y tenían un alto potencial de abuso. Pronto esta reclasificación pasó de EEUU a la ONU.
Durante casi dos décadas, 50s y 60s, se llevó a cabo una extensa investigación sobre los psicodélicos y sus efectos sobre la mente y la salud mental. Sin embargo, después de la legislación de 1970 en los EE. UU. (y prohibiciones similares en otros lugares), el estudio científico de los psicodélicos se detuvo. Esto marcó un punto de inflexión en la historia de los psicodélicos, ya que no veríamos el regreso de la investigación autorizada sobre los psicodélicos hasta pasadas dos décadas.
El «renacimiento psicodélico» se refiere al resurgimiento de los estudios aprobados por el gobierno sobre las sustancias psicodélicas, así como a su creciente popularidad en la sociedad occidental en general, una vez más.
En 1986, Rick Doblin funda MAPS, la Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies, organización científico-activista con el objetivo de recuperar el uso médico de los psicodélicos y devolverlos a la legalidad.
Estos son algunos de los interesantes experimentos con psicodélicos realizados desde los años 90 en adelante:
Entre 1990 y 1995, el psiquiatra Rick Strassman administró DMT a 60 voluntarios y registró los efectos subjetivos. Sus hallazgos se publicaron más tarde en su libro DMT: The Spirit Molecule (1991).
En 1998, el neurocientífico suizo Franz Vollenweider descubrió que el LSD y la psilocibina logran sus efectos al unirse al receptor 5-HT2A del cerebro.
En 1999, el Dr. Roland Griffiths estableció un programa de investigación en la Universidad Johns Hopkins para estudiar los efectos de la psilocibina.
En el 2000, de la mano del Dr. Jose Carlos Bouso, se inicia en Madrid el primer ensayo clínico fase II de MDMA para pacientes con trastorno de estés postraumático. El estudio no pudo concluirse por presiones políticas y sus resultados preeliminares fueron publicados en el año 2006.
En 2006, Griffiths publica un artículo de gran impacto que muestra que la psilocibina puede inducir experiencias místicas altamente significativas y resultados duraderos en el bienestar mental y emocional. Otra investigación publicada este año mostró que el LSD y la psilocibina podrían disminuir tanto la intensidad como la frecuencia de las cefaleas en racimo.
En 2009, el Dr. Robin Carhart-Harris llevó a cabo el primer estudio clínico de psilocibina en el Reino Unido. Este fue también el primer estudio clínico de un psicodélico en el Reino Unido en 40 años.
En 2011, Charles Grob publicó una investigación que demostraba que la psilocibina era eficaz para reducir la ansiedad en pacientes con cáncer avanzado. Otro estudio demostró que la MDMA era un fármaco seguro y eficaz para mejorar el trastorno de estrés postraumático (TEPT) resistente al tratamiento.
En 2014, Carhart-Harris demostró en un estudio, mediante escáneres cerebrales, que la psilocibina aumenta la comunicación entre áreas del cerebro que normalmente no se comunican entre sí.
En 2015, el periodista y autor americano Michael Pollan, publicaba un artículo en la revista New Yorker donde empezaba a introducir el tema de las investigaciones clínicas con psicodélicos y el renacimiento a la población no-científica en EEUU.
En 2016, Carhart-Harris y un equipo de investigadores publicaron imágenes (de escáneres cerebrales) de cómo el LSD afecta el cerebro.
En agosto de 2017, La FDA otorga la designación de terapia innovadora para la terapia asistida por MDMA para el PTSD y acuerda la evaluación del protocolo especial para los ensayos de fase 3.
Un estudio de 2018 ilustra que la ayahuasca reduce significativamente los síntomas de depresión.
En 2019, el Imperial College London lanza el primer Centro de Investigación de Psicodélicos del mundo. Unos meses más tarde, Johns Hopkins lanza el suyo propio, el Centro para la Investigación Psicodélica y de la Conciencia. Ambos centros están investigando qué revelan los psicodélicos sobre la conciencia y cómo estos compuestos pueden ayudar a tratar afecciones como la depresión, la adicción y el TEPT.
En noviembre de 2019, La FDA otorga la designación de terapia innovadora para la terapia asistida por psilocibina para la depresión.
En Mayo de 2021, el New York Times, abre en portada con el titular “The Psychedelic Revolution Is Coming. Psychiatry May Never Be the Same.” (La revolución psicodélica está llegando, la psiquiatría ya no será la misma)
Como podemos ver, la historia de los psicodélicos es larga e intrigante, llena de giros y vueltas y descubrimientos fascinantes.

Modelo terapéutico
Se trata de un proceso terapéutico que puede durar desde un mes y medio a 4 meses, en el que, en uno o varios momentos puntuales se administra un compuesto que tiene el potencial de catalizar avances importantes en ese proceso. La toma de la sustancia se hace en un entorno controlado y supervisado.
Esto es lo que puedes esperar del tratamiento:
El terapeuta evalúa si el tratamiento y el momento son los adecuados para el paciente. También se descartan personas con propensión a ciertos trastornos psicológicos como bipolaridad, esquizofrenia, etc.
Puede constar de dos o más sesiones que buscan tanto la comprensión de lugar terapéutico en el que se encuentra el sujeto, así como generar la alianza de confianza entre este y el terapeuta. En estas sesiones, el terapeuta ayudará al paciente a identificar sus intenciones en relación con su proceso de avance y se aclararán las expectativas sobre la experiencia.
En un espacio con ambiente normalmente hogareño, amable y con pocos estímulos, se tiene una última conversación de expectativas, preguntas y aclaraciones. Después de esto se administra la dosis adecuada para cada persona, normalmente acompañado de dos personas, un terapeuta y un facilitador o terapeuta. La sesión tiene una duración variable en función de la sustancia empleada, normalmente de 6-8 horas. Esta toma puede repetirse según el tratamiento una o varias veces, espaciadas entre sí entre dos y cinco semanas.
Durante la sesión se invita al participante a enfocarse en la introspección. Esto se facilita tapando los ojos con un antifaz y utilizando música con una selección pre-elegida por los facilitadores para ayudar la experiencia. El participante suele estar acostado todo el tiempo de la sesión.
Después de la experiencia de la toma del psicodélico, sea esa misma tarde o la siguiente mañana, el participante y el facilitador se sientan juntos para trabajar con lo que ocurrió durante la sesión. Esta parte de la experiencia es esencial para el entendimiento sana de lo que la persona vivió durante la experiencia. Estas sesiones terapéuticas de integración pueden ser entre dos y cinco que se utilizan para rescatar el material que afloró durante la sesión interpretarlo y darle un sentido en la vida del participante.
Después de la integración de la experiencia, es siempre interesante dar seguimiento de lo que acontece en la vida del parcipante en los meses posteriores a la experiencia. Es muy común que el entendimiento de lo que la experiencia le ha entregado le lleve a una nueva forma de pensar y, por tanto, de actuar. El sostener en el tiempo estos nuevos paradigmas de pensar y actuar, en función de los condicionantes del participante, puede ser difícil. Por esto, el seguimiento puede ser una herramienta muy efectiva para mantener los resultados positivos de la terapia en el tiempo.

Beneficios y riesgos
El uso de sustancias psicodélicas, como todo medicamento, tiene que estar reglado y ser utilizado por profesionales de la salud mental para que tenga un fin terapéutico y sanador.
De hecho, de este factor depende, principalmente, que su utilización suponga una serie de grandes beneficios o de considerables riesgos. Por ello se habla siempre de la importancia del “set & setting”, es decir, de la actitud e intención de la persona que lo consume (i.e., el set), así como del entorno en el que se lleva a cabo la toma (i.e., el setting)
- A través de los estados de conciencia facilitados por estas sustancias las personas pueden entrar en contacto con una realidad interior a la que normalmente no tienen acceso. Es ahí donde se encuentra la raíz de la mayoría de las enfermedades mentales, y de los problemas somatizados. En esta nueva realidad la persona es capaz de observarse desde la distancia y escapar momentáneamente de los marcos cognitivos a través de los cuales analiza normalmente la información, obteniendo profundas realizaciones capaces de reorganizar los modelos internos del mundo y de uno mismo, impulsando así cambios en las conductas y cogniciones desadaptativas.
- En muchas ocasiones los psicofármacos convencionales tan sólo consiguen aminorar los síntomas sin conseguir tratar la raíz del problema. Con los psicodélicos no se trata de aplanar las emociones negativas y evitar aquello que causa dolor. Se trata más bien de explorarlo, entenderlo y, si es necesario, aceptarlo.
- Los psicofármacos convencionales intentan restablecer los niveles normales de neurotransmisores o de receptores en el cerebro, ejerciendo su acción únicamente a través de su farmacología. Es decir, atacan a la psicopatología desde un enfoque puramente biomédico. Este enfoque tiene grandes limitaciones cuando se trata de sanar a la psique humana, ya que en muchas ocasiones las psicopatologías no tienen una causa puramente biomédica. En el caso de los psicodélicos no es la farmacología per se la que trata la psicopatología. Más bien, la farmacología facilita que la persona tenga una determinada experiencia, y es el contenido que aflora durante esta experiencia el que tiene la capacidad para tratar la raíz de la psicopatología.
- Los psicofármacos convencionales suelen tener muchos efectos secundarios desagradables mientras que con los psicodélicos ocurre más bien lo contrario. Es común que durante los días posteriores a la experiencia psicodélica la persona se encuentre en lo que se conoce como el estado de “afterglow”, caracterizado por un buen estado de ánimo y una profunda calma, a su vez viene acompañada de una alta vitalidad.
- La toxicidad de los psicodélicos clásicos cómo la psilocibina y el LSD es menor que la de la cafeína. Es prácticamente imposible sufrir una sobredosis con estas moléculas.
- La utilización profesional de sustancias psicodélicas supone no sólo un potencial gran avance en la sanación de enfermedades mentales; su capacidad para activar procesos de neuroplasticidad también está siendo investigada para tratar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson. Además, también existe algo de evidencia preliminar que apunta a un potencial para tratar migrañas y jaquecas en racimo y también se está investigando su capacidad para tratar el dolor crónico.
- El uso de psicodélicos para fines terapéuticos no sólo no crea adicción sino que puede ayudar a la rehabilitación de personas con problemas de alcoholismo y adicción a otras sustancias.
- La utilización de sustancias como la MDMA durante procesos terapéuticos no sólo puede contribuir a crear relaciones más auténticas en el entorno social. Al fomentar la empatía, la apertura y la confianza, también suponen un avance cada vez más demostrado en terapia de pareja, pudiendo ser una gran herramienta para solventar conflictos interpersonales.
- Los psicodélicos no sólo suponen una gran herramienta para tratar los problemas de salud mental. Suponen también una herramienta única e inigualable para la neurociencia y el estudio científico de la conciencia humana ya que son capaces de modificar bruscamente y de una forma reversible el estado de conciencia sin disminuir el estado de vigilia.
- La experiencia psicodélica ligada a los psicodélicos clásicos (i.e., psilocibina, LSD, DMT) guarda una gran similitud con estados meditativos de atención plena en los cuales el foco atencional, normalmente centrado en el pasado o el futuro, se traslada al momento presente. Esto permite ralentizar el diálogo interno, y frenar la rumiación y la impulsividad, algo fundamental para tratar la depresión, la adicción o la ansiedad.
- Durante los últimos años, numerosos estudios han demostrado que terapias asistidas con sustancias como la psilocibina o el MDMA han supuesto una impresionante mejora en cuadros graves de varias psicopatologías.
- Los cuadros de depresión mayor resistente a fármacos, adicciones y ansiedad ligada a enfermedad terminal parecen mejorar significativamente y de forma duradera tras la terapia asistida con psilocibina. Por ejemplo:
- Un estudio de la John Hopkins encontró que a los seis meses después de terminar una terapia asistida con psilocibina, un 80% de una muestra de fumadores, la cual llevaba fumando de media 19 cigarrillos al día durante 30 años, seguía abstinente. Pasados más de 16 meses, seguía abstinente un 67% de la muestra.
- Otro estudio de Compass Pathways llevado a cabo en pacientes con depresión resistente a fármacos encontró que tras finalizar el estudio, el doble de pacientes del grupo que recibió la terapia asistida con psilocibina mostraba una respuesta significativa comparado con el grupo control, considerándose una respuesta significativa una reducción de los síntomas a, por lo menos, la mitad. En relación a las personas que alcanzaron valores indicativos de remisión tras el estudio, a las tres semanas, un 29% del grupo que tomó psilocibina seguía en remisión, comparado con sólo un 7.6% del grupo control. ¡Casi el cuádruple de personas! Y a las 12 semanas seguía en remisión el 26.6% de dicho grupo, comparado con un 11.4% del grupo control.
- Un estudio de la John Hopkins en personas con depresión y ansiedad ligada a un diagnóstico de enfermedad terminal encontró que en el grupo que había tomado psilocibina, a las cinco semanas, los síntomas ansiosos y depresivos se habían reducido al menos a la mitad en el triple de participantes que en el grupo control. A los seis meses seguían en remisión depresiva y ansiolítica un 61% de los participantes.
- La terapia asistida con MDMA está teniendo unos resultados sorprendentes en pacientes con estrés postraumático (TEPT). Por ejemplo:
- El estudio más reciente llevado a cabo por MAPS ha encontrado que dos meses después de finalizar el estudio, un 33% de los participantes que habían tomado la MDMA durante la terapia estaban en remisión en comparación con tan sólo un 5% del grupo control, quien había recibido terapia sin MDMA.
- Otros estudios de seguimiento a largo plazo (i.e., pasada una media de 3.4 años tras finalizar la terapia) han encontrado que los síntomas habían seguido mejorando incluso una vez finalizada la terapia.
- Los cuadros de depresión mayor resistente a fármacos, adicciones y ansiedad ligada a enfermedad terminal parecen mejorar significativamente y de forma duradera tras la terapia asistida con psilocibina. Por ejemplo:
- En ambientes descuidados y caóticos, exclusivamente lúdicos o, simplemente no terapéuticos, puede contribuir a un empeoramiento de los síntomas asociados a la psicopatología previa de la persona. Este riesgo se agrava mucho más en personas con psicosis, bipolaridad o trastornos graves de personalidad.
- El uso de ciertos psicodélicos puede ser peligroso si se combina con ciertos medicamentos antiepilépticos o antidepresivos.
- Algunas personas, con la excusa de hacer algo supuestamente terapéutico, tienden a tomar la sustancia regularmente, abriendo asuntos profundos de conciencia en cada toma, sin dejar el tiempo suficiente para digerir e integrar el material. Esto supone, al final, una huida de uno mismo más que un encuentro con uno mismo y puede derivar en un estado de alta confusión.
- En algunos casos, sobre todo cuando no hay una buena preparación e integración, la experiencia psicodélica puede promover un excesivo narcisismo espiritual, apegos a experiencias de iluminación y estados disociativos y de despersonalización prolongados. Cuando no se presta una atención cuidadosa al entorno puede dar lugar a ataques de pánico, paranoia o incluso psicosis.
- La experiencia psicodélica genera un estado de gran vulnerabilidad y fácil sugestión. Guías o personas poco expertas con intereses no terapéuticos pueden aprovecharse de esto y abusar sexualmente o económicamente de las personas que se someten a estas experiencias. Hay que tener cuidado con los falsos chamanes y con las sectas.
- En dosis altas los psicodélicos clásicos como la psilocibina o el LSD pueden generar un alejamiento de la realidad. En entornos no supervisados y caóticos esto puede llevar a la realización de actividades de enorme peligro sin que se midan adecuadamente las consecuencias.

Preguntas frecuentes
Echa un vistazo a los temas y preguntas que aparecen a continuación para ver si tu pregunta podría estar entre ellos. Si tienes una pregunta diferente, envíanos un mensaje a info@inawe.life
Son sustancias psicoactivas (entre las que se cuentan la psilocibina, LSD, MDMA o ketamina), antiguamente conocidas como “alucinógenas” pero que también tienen la particularidad de manifestar algunos procesos mentales subconscientes y relajar algunos patrones mentales aprendidos, facilitando su cambio posterior en psicoterapia.
Los psicodélicos se dividen en psicodélicos típicos (psilocibina, mescalina, LSD, DMT, ayahuasca) y atípicos (psicodélicos empatógenos como la MDMA / éxtasis, o psicodélicos disociativos como la ketamina, la ibogaína y la salvinorina)
La mayoría de las sustancias psicodélicas típicas (como psilocibina, LSD) tienen muy bajo potencial adictivo e incluso se utilizan para tratar adicciones a otras sustancias, aunque hay algunas sustancias psicodélicas más “atípicas” (como la ketamina o la MDMA) con un un potencial adictivo moderado si se usan fuera de un contexto terapéutico.
La mayoría de las sustancias psicodélicas típicas (como psilocibina, LSD) tienen muy bajo potencial tóxico si se utilizan en sus dosis normales y contextos terapéuticos, aunque hay algunas sustancias psicodélicas atípicas (como la ketamina o la MDMA) con un un potencial tóxico moderado si se usan fuera de contextos recreativos no-terapéuticos o sin controlar adecuadamente la dosis/frecuencia de consumo.
Si por volverse loco entendemos sufrir un episodio psicótico, es muy raro que esto suceda pero podría suceder en personas con predisposición previa a la psicosis. Afortunadamente, a día de hoy, en el contexto clínico controlado esto no sucede gracias a la exhaustiva labor de selección y preparación de los participantes.
Los psicódelicos se emplean siguiendo el modelo conocido como “terapia asistida con psicodélicos” (TAP) la cual combina una terapia psicológica combinada con el empleo de psilocibina, ayahuasca o LSD. Así mismo, los terapeutas dividen en cinco partes esenciales este tipo de terapia: el screening, la preparación, la toma, la integración y el seguimiento.
Si quieres saber más acerca de las funciones de cada fase, puedes encontrar más información en nuestro apartado de “modelo terapéutico”, en la pestaña de información
Varios estudios respaldan la eficacia de la terapia asistida con psicodélicos (TAP). Por ejemplo, estudios realizados en la Universidad Johns Hopkins y el Imperial College de Londres han encontrado que la psilocibina puede ayudar a reducir los síntomas de la depresión resistente al tratamiento. Otras investigaciones han mostrado que la terapia asistida con MDMA puede ser efectiva para el trastorno de estrés postraumático (TEPT).
Sin embargo, aunque los resultados iniciales son prometedores, se requieren más investigaciones para confirmar la eficacia y seguridad a largo plazo de la TAP.
Los psicodélicos, como la psilocibina, actúan sobre los receptores de serotonina en el cerebro, lo que puede cambiar temporalmente la forma en que se comunican las diferentes áreas del cerebro. Esta «reorganización» puede permitir a los pacientes ver sus problemas o experiencias desde una perspectiva diferente, lo que puede ser terapéutico.
Si quieres saber más acerca de la investigación sobre los efectos de los psicodélicos en el cerebro, puedes encontrar más información en nuestro blog y en el apartado de “recursos”.
Sí, existen contraindicaciones para la TAP. Los individuos con un historial de psicosis o esquizofrenia, o aquellos con un riesgo elevado de estas afecciones, suelen ser excluidos debido al potencial de exacerbar estos trastornos. Además, algunas condiciones médicas, como enfermedades cardiovasculares graves, también pueden ser contraindicaciones.
Por ello, es esencial consultar a un profesional de la salud antes de iniciar cualquier nuevo tratamiento.
El costo de la TAP puede variar significativamente, dependiendo de factores como la ubicación, el terapeuta y la duración de la sesión. Los precios pueden oscilar desde cientos hasta varios miles de dólares por sesión.
En cuanto a la cobertura del seguro, la mayoría de las aseguradoras no cubren actualmente este tipo de terapia, ya que muchos psicodélicos todavía no están aprobados para uso médico en muchos lugares. Sin embargo, esto podría cambiar a medida que más investigaciones respalden su eficacia y seguridad.
El tiempo necesario para ver los resultados de la TAP puede variar de una persona a otra. Algunos individuos experimentan cambios significativos después de una sola sesión, mientras que otros pueden necesitar varias sesiones. Los estudios han informado de mejoras en síntomas de depresión y ansiedad que pueden durar semanas o incluso meses después de una única sesión. Sin embargo, la experiencia es altamente individual y debe ser supervisada por un profesional de la salud.
Sí, los terapeutas que practican la TAP generalmente requieren una formación específica. Varias organizaciones ofrecen programas de capacitación y certificación, que incluyen la enseñanza de las habilidades clínicas necesarias, así como la formación en aspectos éticos y legales. Es importante tener en cuenta que los requisitos pueden variar según la jurisdicción y el tipo de psicodélico utilizado.
La interacción de los psicodélicos con otros medicamentos puede variar y puede ser potencialmente peligrosa. Algunos medicamentos, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), utilizados comúnmente para la depresión y la ansiedad, pueden reducir la eficacia de los psicodélicos o causar síndrome serotoninérgico, una afección potencialmente grave. Es esencial discutir cualquier medicamento que esté tomando con un profesional de la salud antes de participar en la terapia asistida con psicodélicos.
¿Cuál es el futuro de la terapia asistida con psicodélicos? ¿Qué investigaciones se están llevando a cabo?
El futuro de la terapia asistida con psicodélicos es prometedor. Las investigaciones se centran en el tratamiento de la depresión resistente, la ansiedad, el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) y el temor a la muerte. También se estudia su uso para tratar la adicción y el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Sin embargo, la regulación de estos psicodélicos, aún ilegales en muchos lugares, es un desafío.
Aunque los resultados iniciales son alentadores, se necesita más investigación para entender completamente los riesgos y beneficios, y para desarrollar protocolos y capacitación adecuados. A pesar de los desafíos, el interés y la investigación sobre esta terapia probablemente seguirán creciendo.
La seguridad de la terapia asistida con psicodélicos depende de varios factores, incluyendo la sustancia utilizada, la preparación del paciente y la supervisión profesional. Los estudios iniciales sugieren que, bajo condiciones controladas, puede ser tan segura como otras terapias para problemas de salud mental.
Sin embargo, los psicodélicos pueden provocar efectos psicológicos intensos y no son adecuados para todos, especialmente para aquellos con antecedentes de psicosis. Si bien los efectos secundarios físicos suelen ser leves, la experiencia puede ser emocionalmente desafiante.
Se requiere más investigación para una comparación completa con otros tratamientos de salud mental.
Es el proceso en el que estamos inmersos desde finales del siglo XX en el que un número creciente de investigadores en salud mental y neurociencias están sumergiéndose en el estudio de los psicodélicos para aplicarlos en salud mental. Es un renacimiento, porque en los años cincuenta y sesenta ya pasó.
Desde Inawe apoyamos el desarrollo de un uso seguro y legal de los psicodélicos, pero dado que todavía no está aprobado el uso de estas sustancias en España, no podemos apoyar directamente ni recomendarte ningún centro terapéutico donde se lleve a cabo la terapia asistida con psicodélicos.
Si estás interesado en tener una experiencia, te recomendamos acudir a ensayos clínicos, a terapia legal con ketamina o a países en que su uso esté regularizado y puedas beneficiarte de una experiencia acompañado de profesionales formados en esta técnica. En nuestra página web puedes encontrar numerosos recursos formativos que pueden guiarte en búsqueda.
En Inawe, estaríamos encantados de contar contigo para realizar tus prácticas de grado o máster. Las prácticas son una excelente oportunidad para conocer nuestra organización, contribuir a proyectos interesantes y adquirir conocimientos valiosos para tu desarrollo académico y personal.
Es importante señalar que no ofrecemos prácticas de tipo clínico ni participaciones en estudios terapéuticos asistidos con psicodélicos ni en entornos hospitalarios. Nuestro enfoque está dirigido, principalmente, a prácticas en el área de administración y divulgación, donde podrás colaborar en la gestión de la fundación, el desarrollo de contenido para blogs, la gestión de redes sociales y otros proyectos relacionados con la difusión de información científica.
Si tienes interés en desarrollar tus habilidades en estas áreas, no dudes en contactarnos para obtener más información. ¡Estamos abiertos a explorar juntos nuevas ideas y proyectos!
De acuerdo a los informes emitidos por la junta internacional de estupefacientes en 2010 y 2012, la ayahuasca, las setas psilocybes y el cactus de San Pedro no son plantas prohibidas (a diferencia de sus principios activos, que sí que están prohibidos), siendo las únicas plantas prohibidas el cannabis, la coca y el opio. Así mismo, no existe regulación en torno al empleo de estas sustancias con fines terapéuticos. Sin embargo, desde Inawe sólo recomendamos el empleo de estos compuestos bajo la tutela de profesionales de la salud formados y en contextos únicamente médicos, para lo cual, actualmente no existe un regulación que los avale como terapia. Pese a ello, existen en España y otras partes del mundo distintos estudios en hospitales donde se emplean estos compuestos con fines terapéuticos. Puedes saber más acerca de estos estudios en nuestro apartado de recursos.

